domingo, 3 de noviembre de 2024

53a The New York City Marathon

 03 / NOV / 2024

53a The New York City Marathon

El sueño cumplido.

Hace unos meses Eva decidió regalarme un sueño incumplido desde hace 42 años, pues mis sesenta años bien merecían un regalo especial.

Desde que empecé a correr siempre soñé en emular a Bill Rodgers, Grete Waitz, Alberto Salazar o Rod Dixon corriendo la Maratón más mítica del Mundo: The New York City Marathon.

Hace cinco años que no participo en ninguna, la última la hice por las montañas del Priorat en el 2019, rodeado de viñas, buen vino y dos grandes amigos. Así que, a mediados de agosto, tras regresar de una travesía por el Pirineo: La porta del Cel, comencé mi preparación y también, sin saberlo entonces, mi calvario.

Primero fueron los gemelos, que pude trampear sin demasiados problemas con unas medias compresivas, pero a principios de septiembre, cuando me empezaba a sentir bien por primera vez en años, durante un entreno de 25’+ 2 x 5000 (27’00’’-26’00’’) + 15’rec, en el tercer kilómetro del segundo cinco mil comenzó un dolor en la parte delantera de la cadera que no había sentido nunca, al principio no le di importancia, pero cada vez fue a más, hasta el punto que tuve que dejar de correr antes de acabar los cinco kilómetros y volver caminando a casa.

Resumiendo, dos semanas con un dolor muy agudo al caminar, todo el mundo diciéndome que fuera al médico y yo sabiendo que, si les hacía caso, adiós al sueño. A la tercera semana el dolor bajó y durante la cuarta semana remitió del todo. Cuatro semanas dudando seriamente, por primera vez en mi vida, si podría acabar la Maratón y haciendo cálculos de lo tardaría en hacerla caminando.

El sábado 5 de octubre, un mes después del obligado parón, salí a probarme. La intención era correr diez kilómetros a un ritmo caribeño pensando únicamente en no sentir nada en la cadera y así fue, pero sólo quedaban cuatro semanas para el día D y no llevaba ninguna tirada hecha, más allá de 15Km.

El domingo 13, hice 20 kilómetros por mi pueblo, tela lo que sube y baja, y el siguiente domingo 24 kilómetros por el litoral acompañado por el Pirata Agus. Con ese, vamos a llamarlo entreno de mierda, me presenté en la salida.

Start spreading the news, you're leaving today…

Por fin llega el día D y con él sus dos Maratones.

La primera: desde que me levanto sobre las 5:00 AM hasta mi hora real de salida a las 10:55 AM, seis horas después.

Salimos del hotel a las 5:45 AM y a las 7:10 AM, tras el pertinente control de seguridad,  accedemos a la zona de salida junto al puente de Verrazano.

El día amaneció radiante, pero los cinco grados y la brisa marina hizo que nos mantuviéramos en movimiento, Marc y yo, hasta situar nuestro corral de salida, sí, corral, así lo llaman allí, como si fuéramos ganado, aunque en cierto modo un poco sí lo éramos. No quiero ni pensar cómo sería la misma situación, lloviendo o peor aún, como ya ha pasado otros años, nevando, pues no hay donde refugiarse.

Sobre las 7:50 AM encontramos un pequeño montículo, con el sol calentándonos la cara, donde nos apalancamos cómodamente hasta la hora de salida.

Y ahí estuve yo casi tres horas ─Marc salió dos horas antes─ tirado en un páramo, vestido como un homeless, escuchando himnos americanos con sus respectivos cañonazos que señalaban las diferentes salidas anteriores a la mía ─que era la penúltima─ hidratándome y alimentándome a base de plátanos, una manzana y dos sándwiches de bonito del norte que me preparé el día anterior.

A las 10:20 AM me dirijo a mi corral, desecho toda la ropa en las cajas de recogida habilitadas a tal efecto y que destinarán a los más necesitados, salvo un cortavientos que llevaré hasta que atraviese el puente. Cada año recogen alrededor de cuarenta toneladas de ropa.

Y por fin, seis horas después, llega la segunda Maratón del día, la de verdad, con sus 42195 metros por delante.

Me coloco en las primeras filas y siguiendo a un grupo de militares femeninas, que entrelazando sus brazos hacían las veces de cordón de seguridad, me encuentro en la línea de salida.

Por fin, después de siete himnos americanos con sus respectivos cañonazos, llegan los míos y tras ellos empiezo a correr. De fondo suena la famosa canción de Frank Sinatra, desde mi páramo particular no se oía, pero aquí sí y con ella ─como diría el gran Johan─ ¡Gallina de piel!

I want to be a part of it, New York, New York…

Los primeros kilómetros transcurren por el nivel inferior del largo puente de Verrazano ─el primero de los cinco puentes que cruzaré hoy─ a mi espalda queda mi paso efímero por Staten Island, a mi izquierda una vista privilegiada: el famoso skyline de nueva York y debajo de mí me fijo en una curiosidad, en todas las juntas de dilatación se ve perfectamente el agua de The Narrows, el estrecho que separa los municipios de Staten Island y Brooklyn.

Llegamos a Brooklyn y empieza la fiesta, infinidad de personas jaleando nuestro paso. Los que me conocen saben que odio que me llamen “runner”, pues siempre he sido un corredor. Así lo era hace 42 años y nunca dejaré de serlo, pero por estas calles y sin que sirva de precedente, paso de ser un corredor a ser un “runner” y de llamarme Sergio a “Serguio”.

Los primeros 15 kilómetros transcurren casi sin darme cuenta, inmerso en mis pensamientos, intentando regularme, disfrutando de la música y los ánimos del público hasta que nos adentramos en otro mundo, el barrio judío ultraortodoxo del sur de Williamsburg. Y con él llega el silencio por primera vez. Para ellos, el domingo es un día laboral cualquiera y queda claro que no les hace la menor gracia que esta marabunta de corredores transite por su barrio, es como si la Marathon no fuera con ellos, simplemente nos ignoran. Es una sensación extraña como pasas de una animación brutal al desdén más absoluto.

Pero todo pasa y llegando al Km17, en la lejanía se empieza a percibir el bullicio otra vez, pasando de la más absoluta indiferencia a una explosión de aplausos y ánimos…  Let's go Serguio!!!

Your vagabond shoes, they are longing to stray…

Dejo atrás la media Marathon y al mirar el reloj constato que el paso del tiempo no perdona, no lo digo por mi marca de hoy, 2h35’29”, pues más o menos estoy donde quiero, mi pensamiento se va a mediados de los ochenta cuando estaría a sólo tres minutos para finalizar mi gran Marathon.

El atletismo es una de mis grandes pasiones, lo considero el deporte esencial, el que ha forjado parte de mi carácter y ─en cierta medida─ me ha hecho como soy, pero reconozco que tiene un pequeño inconveniente, te deja clarísimo el paso inexorable del tiempo, pues un kilómetro y un minuto son exactamente iguales ahora que hace 40 años, pero queda claro que yo no.

Dejo atrás Brooklyn y tras un breve paso por Queens llega el segundo y último momento de silencio del día, el puente Queensboro, 2 kilómetros con su subida ─que a estas alturas de la película ya empieza a notarse─ y su posterior bajada que nos lleva a la isla de Manhattan. Al puente sólo accedemos los corredores y la falta de público se nota.

Creía que me iba a doler más, pero el echo de saber que en poco tiempo veré a Eva ─me espera pasada la milla 17─ hace que lo supere sin demasiada dificultad.

Durante los próximos 6 kilómetros transitaremos por First Avenue en dirección al Bronx, hace rato que voy en modo supervivencia, pero el griterío de la gente, la música de las bandas y sobre todo, el ir buscando a Eva por el público lo hace más llevadero.

Km. 27, por fin la veo, le doy un beso, le “robo” todos los geles que lleva y le grito: ¡Nos vemos en la meta!

Km. 34, tras un fugaz paso por el Bronx ─el único distrito continental de NY, pues el resto son islas─ volvemos de manera definitiva a Manhattan, por su famosísima Fifth Avenue en dirección al no menos famoso Central Park. 

Km. 38… Poco antes de entrar en Central Park… ¡Fundido a negro! Hasta aquí me han llegado las fuerzas. Sinceramente no creía que llegaría tan lejos corriendo, pero no hay más, no me queda nada más, estoy vacío.

And step around the heart of it, New York, New York…

Así que decido, teniendo en cuenta que el récord del Mundo se me ha escapado hace unas horas, intentar recuperarme caminando rápido hasta la última entrada en Central Park e intentar hacer los últimos metros de la Marathon corriendo.

I wanna wake up in that city, that doesn't sleep…

La animación sigue siendo brutal, los gritos de ánimo son constantes, pero no puedo correr, si lo intento me arrea una rampa en cualquier parte de mis dos piernas.

And find your king of the hill, top of the heap…

Central Park es un continuo sube y baja, o así me pareció a mí, aunque en mi estado vete tú a saber si es cierto o no.

Los gritos de Serguio!!! You got it!!! Son constantes, nunca he chocado tantas manos como hoy, tampoco es que yo fuera muy rápido, pero puedo asegurar que jamás he participado en ninguna carrera con mayor animación por parte del público que esta ─ni Zegama ni la Behobia llegan a este nivel─ se calcula que aproximadamente 2 millones de espectadores se dan cita en las calles de Nueva York para jalear el paso de los corredores y puedo dar fe de ello.

Your small town blues, they're melting away…

Abandonamos Central Park y en Central Park St he quedado con Eva de nuevo, de ir corriendo sería complicado verla, pues el ruido es ensordecedor, pero el echo de ir caminando y pegado a la vaya facilita la tarea, besazo de rigor y…


I'm gonna make a brand-new start of it, in old New York…

Comienzo a correr de nuevo ─o eso me parecía a mí─ ¡Joder como suben los últimos metros! Pensaba que la línea de llegada estaba más cerca, empiezo a dudar que las piernas me lleguen hasta el final, ese final que no veo llegar, ese final que se resiste en aparecer, pero las piernas siguen funcionando. 

You always make it there, you make it anywhere…

Por fin vislumbro la meta, esto está hecho, decimoquinta Marathon en la saca ─con la peor marca de mi vida─, pero de la que estoy igual de orgulloso que cualquiera de las anteriores. Pues todas han tenido su historia y en todas lo he dado todo, como en la vida.

It's up to you…

Antonio, un gran amigo mío me dijo hace un tiempo: “Sergio, no te engañes, lo que tú ves como algo normal, en realidad, no es lo normal.”

New York, New York!!!




 

domingo, 8 de noviembre de 2020

1a Casa – Hospital de Sant Pau – Casa.

Mi maratón, más dura.

Los que nos conocen, tanto a Eva como a mí, saben que somos dos personas que llevábamos a raja tabla las medidas de seguridad, en relación al COVID-19, pero nunca son suficientes. El despacho de Eva no tiene ventilación, y a pesar que no entraba nadie en él, se quedaban en la puerta, es evidente que se contagió allí. Pues una compañera suya le alertó que había dado positivo y al día siguiente, domingo 25 de octubre, una PCR confirmó que Eva era positiva en COVID-19.

Ese mismo día me hice también una PCR, que dio negativa, pero sabía perfectamente que tenía todos los números de la rifa. Solo esperaba, que al igual que Eva, yo también fuera asintomático.

Lamentablemente no fue así, el miércoles 28 empiezo con fiebre y el domingo 1 de noviembre pierdo el olfato.

El miércoles 3 me hacen un test rápido, que da negativo, pero le insisto a la doctora que es imposible: mi pareja contagiada, yo sin olfato y con fiebre una semana… Blanco y en botella ¿no? Al día siguiente, jueves 4, una PCR confirma lo que ya sabía, soy positivo en COVID—19.

Por suerte, ese mismo jueves recupero el olfato, no del todo, pero sí que distingo matices. Era algo que me preocupaba muchísimo, pues me encanta el buen comer, los buenos vinos, vamos que siempre me he cuidado. A pesar de la confirmación del positivo, del todo previsto, fue una inyección de moral, pues pensé que estaba evolucionando a mejor, pero evidentemente me equivoqué.

El domingo 8, viendo que no mejoro, Eva llama al 061 y una ambulancia me lleva a Sant Pau, donde deciden ingresarme.

Al ver que mis valores de saturación no mejoran, vamos, que voy a peor, a primera hora del martes 8 de noviembre, deciden bajarme a semi críticos.

Km. 0. Y aquí comienza mi Maratón más dura.

Siempre he dicho que la Maratón solo tiene dos secretos: se sale y se acaba. Era consciente que estaba en marcha, pero no tenía ni idea de cuanto me quedaba por delante, y lo que aún es peor, ninguna referencia a la que poder agarrarte.

Hasta el día de hoy, y a pesar de lo jodido que haya podido ir en una Maratón, mi mente jamás me ha fallado, nunca. Y confiaba plenamente que no lo hiciera ahora, por primera vez.

Los primeros dos días fueron complicados, pues dudaban si intubarme o no, los médicos insistían en preguntarme si me ahogaba o me dolía algo. Mi respuesta siempre era que no, cosa que además era cierta, pero veía en sus caras que no se lo terminaban de creer del todo. Es más, cuando llamaban a Eva, para darle el parte diario, le preguntaban exactamente por lo mismo.

El jueves 10, me dieron la magnífica notica, había mejorado y según ellos: “— gracias a tu extraordinaria capacidad pulmonar no hemos tenido que entubarte.”

Desde ese momento en semi críticos, me convertí en Sergio “el atleta”. Por suerte no fue “el runner”, pues no sé de donde hubiera sacado las fuerzas, pero las hostias hubieran volado seguro, ja, ja, ja…

No sé como explicarlo, pero cuando corro una Maratón y alcanzo el ritmo crucero, ese que te lleva a la gloria final o al desastre absoluto, pues el margen de error es muy pequeño si vas buscando tu límite, y en todas las maratones que he corrido siempre he buscado mi límite en ese momento, consigo que vayan pasando los kilómetros sin pensar en nada, ni en lo que llevo, ni en como voy, ni en lo que falta, simplemente sigo adelante sin pensar en nada.

Por eso estoy igual de orgulloso de todas las Maratones que he hecho, desde de la primera, la primera vez en la vida que me ponía un dorsal, La Marathon de Catalunya del 1983, y que llegado el kilómetro 32, en el antiguo puente del trabajo, mi antiguo profesor de física del instituto, Felipe Rebollo, me miró y me dijo: “ Anda, déjame aquí sufriendo y corre de una vez.” Seguramente es la vez que más he disfrutado corriendo en mi vida, no tengo referencias de tiempos, entonces no te daban ni el paso por la media, pero sí recuerdo adelantar a muchísimos corredores y llegar al final pletórico de fuerzas, y con un tiempo que jamás olvidare: 3h 25’ 52”.

Y qué decir de la primera vez que bajé de las tres horas, o ese día que me sentía bien y me dejé llevar, y salió, ese mismo día en el que mi entrenador de entonces me gritó al paso por la media “— ¡Vas muy rápido!” Pero ya era tarde, gloria o desastre, y conseguí la gloria de mi MMP: 2h 38’ 35”.

O cuando en el 2007, con 42 años tuve la necesidad de volver a correrla, tras veinte años sin hacerlo por un desgate excesivo en mi rodilla, bajando por segundos de las cuatro horas. Después vinieron más, varias veces Barcelona, la Zegama-Aizkorri, Ámsterdam, Berlín, Vitoria, Atenas, El Priorat… De todas ellas estoy igual de orgulloso, a pesar del tiempo empleado en ellas, pues nunca me he dejado nada dentro, jamás.

Y todo lo vivido corriendo, durante estos treinta y ocho años, sin yo saberlo entonces, me ha servido de mucho ahora.

Conseguir que mis pulmones funcionaran sin sensación de ahogo, a pesar de tener una saturación por los suelos.

El poder dejar mi mente en blanco, sin pensar absolutamente en nada, centrándome simplemente en respirar, y así, durante días y más días.

El no caer en el desánimo, salvo muy contadas excepciones, estos días he vivido en una auténtica noria emocional. El trato que he recibido de la inmensa mayoría del personal ha sido maravilloso, pero también me he cruzado con dos personas sin empatía alguna, dándome previsiones poco halagüeñas, que por suerte no llegaron a cumplirse, pero que en esos momentos fueron torpedos directos a la moral.

En definitiva, mi cabeza, la que nunca me había fallado, salió de nuevo en mi ayuda.

Tras ocho días en semi críticos, el miércoles 18, me dan la maravillosa y deseada noticia: “— has evolucionado muy bien y hoy te subimos a planta.” Seguía necesitando oxígeno continuamente, pero fue el primer subidón de moral en diez días.

La primera noche en planta, entra una enfermera y me dice: “— hombre, si eres Sergio “el atleta”, el otro día me bajaron a ayudar en semi críticos y te he reconocido.” Pensé que aun firmaría algún autógrafo, ja, ja, ja…

El jueves 19, la fisio me marca unas pautas para hacer ejercicios respiratorios y le pregunto que si puedo caminar. Su respuesta: “— Claro que sí, mientras mantengas la saturación, como mínimo, a 95.”

Eva me había traído el pulsioxímetro, un medidor de la saturación de oxígeno en sangre, que a partir de ese momento se convirtió en mi nuevo “Garmin”.

Esa misma mañana decido empezar con mis paseos, por supuesto confinado y sin poder salir de la habitación, una ida y vuelta de 12 metros. Y empiezo a caminar, lento, muy lento, me siento débil y extraño, pero la saturación se mantiene en 96, así que decido hacer cuarenta y dos veces, un número nada al azar, el ancho de la habitación. Tardé casi siete minutos en hacer doscientos cincuenta metros, esto va a ser duro, pensé.

Visto que contar las vueltas era un coñazo, decidí marcarme los minutos que quería hacer, y esa misma tarde caminé media hora más, vigilando cada cinco minutos mi saturación en mi nuevo “Garmin”.

Al día siguiente tres cuartos de hora y desde el sábado 21 una hora diaria cada tarde. Decidí pararme ahí, pues una hora ya estaba bien y el echo de hacerla como un puñetero hámster tampoco ayudaba a alargar el tiempo del paseo.

Y así fueron pasando los días de la misma manera, a las 7h me levantaba bajo de saturación, me sentaba en la butaca concentrado en la respiración para subirla antes de que me tomaran las primeras constantes del día, sobre las 8:30h. Desayunaba a las 9h, sobre las 10h pasaba la visita médica, trabajaba dos o tres horas con el portátil, comía a las 13h, leía un par de horas, caminaba mi hora de rigor, me tomaban por segunda vez las constantes, cenaba a las 19h, volvía a leer un rato o veía alguna serie/película haciendo tiempo para que me tomaran las constantes por tercera y última vez en el día, sobre las 23h. Y el resto de los momentos del día, concentrado en respirar y mantener la saturación lo más alta posible.

El martes 24, la doctora decide quitarme la mascarilla y dejarme solo con las “gafitas” a dos litros de oxígeno. El miércoles lo bajó a un litro y el jueves 26, me retira el oxígeno, diciéndome: “— si sigues así, el sábado te irás para casa.”

Por primera vez, en dieciocho días, supe donde estaba la meta. A partir de ese momento, dejé de restar días, y me concentré en una única cosa para poder irme de allí, que mi saturación estuviera a 95, como mínimo, cada vez que me la midieran, cosa que conseguí. Es curioso, lo que se puede llegar a hacer, concentrándose en la respiración durante un cuarto de hora.

Tras dos interminables días, el sábado 28 de noviembre a las 11:45h, salgo por mi propio pie de la habitación y me dirijo a la salida del hospital, donde Eva me estaba esperando para llevarme a casa, cruzando así, tras veinte días ingresado, la línea de meta.

sábado, 29 de junio de 2019

1a Montseny - Costa Brava


CoRReCaTS #ParaLosValientes.

El pasado 12 de febrero, recibí un email informándome de esta nueva prueba, una marcha solidaria y no competitiva que sigue el cauce del rio Tordera, desde su nacimiento en la Font Bona de Sant Marçal, a los pies del Matagalls, hasta su desembocadura en Blanes.

Para poder participar, cada equipo debía recaudar un mínimo de 1000€, en beneficio del Hospital San Juan de Dios y su proyecto #ParaLosValientes, que ayuda a la construcción del San Juan de Dios Pediatric Cancer Center Barcelona, el centro oncológico infantil más grande de Europa.

Cada equipo, de cuatro a ocho participantes, podía hacer la ruta por relevos siempre que hubiera un mínimo de cuatro participantes en cada tramo.

Y pensé, ¿por qué no? Es para una causa cojonuda y además tendré una excusa perfecta para hacer algo de nuevo, desde la Marathon de Atenas de hace dos años que no he vuelto a mover el culo.

La siguiente pregunta era ¿y quién engaño yo ahora? De mi entorno más cercano solo Eva y yo estaríamos por la labor, pero enseguida pensé en un grupo de WhatsApp donde la mayoría son compañeros de CoRReDoRS.CaT y les envié un mensaje.

A la hora ya tenía dos posibles componentes: Albert (Grampy) y Rosa (Rosa55), que junto a Eva (Evita) y yo (Sergio), original que es uno con su nick, podíamos ser suficientes.

Unas semanas más tarde en una sesión técnica en Can Tripas, o sea tomando unas cervezas entre amigos, Agus (Pirata Agus) me manifestó su intención de apuntarse también, el tema estaba en marcha irremediablemente.

Al final conseguimos “engañar” también a Mario (Mario), otro original con su nick, y seis chalados (Evita, Grampy, Mario, Pirata Agus, Rosa55 y Sergio) la intentaríamos hacer entera, sin relevo alguno y dos maravillosas mujeres (Olga y Pirata Luci) nos harían de asistencia durante toda la marcha.

El uno de abril creamos la campaña de recaudación, y como los ocho somos miembros de CoRReDoRS.CaT y además tenemos esa originalidad innata el grupo fue bautizado como:
En diez días ya teníamos logo, unas camisetas chulísimas, y lo más importante, ya habíamos recaudados los 1000€ necesarios para poder participar en la prueba. Todo ello nos animó a planteamos seriamente la posibilidad de ser uno de los grupos que más dinero recaudara #ParaLosValientes y nos volcamos en ello.

Organizamos entrenos con almuerzo y sorteos de lo más divertidos, vendimos pulseras e imanes, montamos paraditas en una par de curses, extorsionamos cariñosamente a familiares y amigos, y gracias a todo ello conseguimos cerrar la campaña con…¡2.766,00€! El tercer equipo con más dinero recaudado de los más de sesenta presentados. Ya habíamos ganado, ahora solo nos faltaba la guinda al pastel… Llegar a Blanes los seis juntos.

De entrada no parecía una tarea fácil, pues quien más y quien menos tenía sus dudas, sus miedos, sus lesiones y además, para rematarlo, Protección Civil aconsejaba la suspensión de la prueba pues la previsión meteorológica nos presentaba un panorama dantesco con temperaturas de 40ºC durante todo el día, pero yo estaba convencido que un equipo tan cojonudo y con tanta experiencia como el nuestro, sabría sobreponerse a todo, solo era cuestión de regular al inicio, sobrevivir al calor como sea y saber sufrir al final.

¿Mi entreno? Un clásico, poco, ocho semanas con salidas por montaña entre 22 y 30 kilómetros el sábado o el domingo y mi partido de fútbol sala los jueves. Pero como me dice siempre Eva… “─ tú lo llevas dentro.”

Y llegó el día D.

A las 6 y media, Mario Eva y yo, cogemos un autobús que nos llevará, desde lo que será la llegada en Blanes, hasta la salida en Sant Marçal. Durante el camino vemos el coche de un equipo averiado en el arcén con todos sus componentes fuera de él, solo espero que alguien pudiera acercarlos a tiempo a la salida, menuda faena si nos pasa a nosotros.

Llegamos a Sant Marçal y me dispongo a bajar del autobús cuando me viene el recuerdo del gran Helenio Herrera y una de sus míticas frases, pues los CoRReCaTS #ParaLosValientes ya habíamos ganado este partido antes de bajar del autobús.

Tras reunirnos con el resto del equipo: Luci, Olga, Rosa, Albert y Agus han subido con nuestro coche de asistencia, llenamos los bidones en la Font Bona, un agua fresca y buenísima, nos hacemos las fotos de rigor y casi sin darnos cuenta, nos ponemos en movimiento, empieza la Montseny – Costa Brava.
Tramo 1: Sant Marçal – Montseny (11:10 Km)

Salida, 8:02h. Los primeros kilómetros transcurren por una pista forestal amplia, bajando continuamente y son un pelín caóticos al inicio, pues hay bastante gente y cada uno de nosotros va por donde le rota. A llegar al camping Les Illes, hay un kilómetro y pico de asfalto, con la primera subida del día, y Mario demarra como si fuera Perico Delgado. En lo alto rompemos a la izquierda y bajamos por un sendero guapísimo que iba saltando de camino en camino, siempre hacia abajo, hasta que aparece “el tonto del GPS”.

Eva y yo habíamos hecho este tramo hacia una semana y lo conocíamos bien, al salir del sendero a uno de los caminos que cruzaba, observo a un grupo que se había equivocado de camino y estaban unos metros más abajo, les grito para advertirles, y veo que uno de ellos lleva un GPS he intentaba coger señal, eso o saludaba a unos aviones que nadie más vio. Les indico el sendero correcto, pero el tipo no me hacía ni caso, yo insistía “─ Qué seguro que es por este sendero, pase el otro día.” y él, a pesar de mi indicación y el letrero que lo indicaba, ni puto caso, y tira pista arriba saltándose el sendero… A lo que Agus le grita “─ Tío, que vas mal.” El tipo se gira y como si hubiera descubierto la sopa de ajo, mira al GPS y dice “─ Sí, es por aquí.” En fin, menudo personaje.

Es curioso como cambia el paisaje en una semana, donde habían saltos de agua y debías vigilar para no mojarte los pies, hoy ni gota, bueno gotas sí habían, mi sudor, el calor y la humedad, y todavía no son ni las 9 de la mañana, empezaba a manifestarse.

Dejamos definitivamente el sendero y volvemos a una pista ancha, cruzamos la BV-5301, y tras unos kilómetros en que la ruta se junta con el GR-5, el camino nos lleva a la segunda subida importante de este tramo. Se hace larga, Rosa se descuelga un poco, Eva y yo hacemos la goma para que no nos pierda de vista.

Tras coronar “el puerto”, caminamos unos trescientos metros por el arcén de la BV-5301, rompemos a la derecha siguiendo el GR-5 y tras un kilómetro y pico llegamos al pueblo del Montseny, donde se encuentra el primer control.

Hora del sello de control: 9:46h. Tiempo en el control: 4’
Tramo 2: Montseny – Mosqueroles (11:20 Km - Total: 22:30 Km)

Dejamos tras nosotros el pueblo del Monseny y, siguiendo el GR 5.2, nos adentramos en el segundo sendero del día. Aun no tenemos sensación de calor, estamos protegidos por la sombra de los árboles y el frescor de los riachuelos, pero este tramo nos hace ir callados y en fila, su desnivel es más importante de lo que parece a priori: 1150m en 11,2Km. Por poner un ejemplo, la Mitja Marató de Muntanya de Vacarisses, que hicimos hace solo tres semanas tenía bastante menos desnivel: 1540m en 21,5Km.

Justo cuando abandonamos el GR para seguir la ruta del Tordera en dirección Folgueroles, aparece de nuevo el “Tonto del GPS”. Lo vemos descender por el GR, junto a su equipo y Agus le dice “─ otra vez te has perdido ¿para qué te sirve el GPS?” y su respuesta no tuvo desperdicio “─ para avisarme que me he perdido”, a lo que yo le dije: “─ hombre, el GPS está para no perderse ¿no?”.

Tras dejar atrás Sant Esteve de la Costa, empezamos a notar el calor, nos ponemos las gorras saharianas y afrontamos una larga subida por un camino forestal que comparto con Héctor Yuste, un compañero de CoRReDoRS.Cat con el que vamos prácticamente desde el inicio juntos, pues la mayoría de su equipo no se ha presentado y que está haciendo la prueba junto a Julio Alberto Ahumada, que según me cuentan es un youtuber más o menos famoso que graba sus carreras para después compartirlas con sus seguidores.

Antes de llegar arriba, se hace larga la subidita, me descuelgo para dejar que Eva y Rosa me alcancen, pues se ha rezagado un poco. Junto a ellas haremos la bajada que, tras reagruparnos todos de nuevo y llegar a Can Riera de Siret, seguiremos por un camino asfaltado, de un kilómetro aproximadamente, que nos lleva hasta una bifurcación que el camino permite seguir por el asfalto o coger una larga y pronunciada pista que baja directamente a Sant Martí de Mosqueroles. Mario me pregunta por donde ir, le indico que por la pista y aquí el grupo se estira y Eva, Agus y yo nos lo tomamos con calma hasta el control.

Hora del sello de control: 11:55h. Tiempo en el control: 12’
Tramo 3: Mosqueroles - Sant Esteve de Palautordera (5:80 Km – Total: 28:10 Km)

Tras unos seiscientos metros por carretera, cogemos un camino a la derecha que nos llevará hasta el Monastir de Santa Magdalena de Mosqueroles. Ahí tenemos dos opciones: recto directamente a Sant Esteve o a la derecha hacia el Castell de Montclús. En el briefing nos dijeron que fuéramos por el castillo, pues era el camino más bonito y nos dirigía directamente al control.

Y eso hacemos, pero llegamos a un camino sin salida. Treinta personas tiradas en medio de la montaña, con el castillo ahí abajo, pero sin saber como llegar a él.

Ya nos habían advertido que el Pagés solía quitar las señales y el muy “cabrón” las había quitado, perdóname Mario, yo lo he insultado, pero él también te puso a parir tras pisarle el campo sembrado.
Retrocedemos unos metros, hasta que una chica de la zona nos mostró el camino correcto, el último sendero bonito de la marcha que tras dejar atrás el Castell de Monclús, si no frenas te lo comes literalmente, nos llevará a Sant Esteve de Palautordera donde nos encontramos con la familia: Óscar, Carme, Sergi y Berta se han acercado a saludarnos en el control de Can Record. Ellos no lo saben, pero ayuda mucho ver la sonrisa en una cara amiga cuando empiezas a ir jodido.

Aunque este tercer tramo ha sido corto todo suma, el calor, la altimetría (ya llevamos en las piernas la mayoría de subidas y bajadas de toda la prueba pues están concentradas en estos tres tramos: 2500m de los 3100m totales), la pérdida por el puñetero Pagés y que no nos olvidemos, llevamos ya 30Km, todo eso hace que Mario y Eva duden, se les ve en la cara.

Veo que Eva y Mario hablan entre ellos, luego me confirmaran que ambos comentaron la posibilidad de subirse al coche. Al poco rato, Eva se me acerca y me dice “─ tengo mucho calor, voy mal, estoy pensando subirme al coche”, la he estado mirando observando y tengo claro que solo es un bajón moral, está bien, pero ha de pasar de tonterías estéticas y meter la cabeza debajo de todos los chorros de agua fresca que nos encontremos y que el pelo quede como quede, así que le respondo “─ anda ven, mete la cabeza debajo del chorro de la fuente, refréscate y tira”.

La visita de la familia, que nuestras maravillosas asistentes nos obsequiaron con fruta fresca (que gran ayuda la suya), la fuente cercana donde nos refrigeramos de verdad y los cubitos de hielo del control, levantan la moral de la tropa, así que nos despedimos de la familia y abandonamos el control en dirección al Pont Trencat. Hemos superado la primera bola de partido.

Hora del sello de control: 13:18h. Tiempo en el control: 15’
Tramo 4: Sant Esteve – Pont Trencat (7:10Km -  Total: 35:20 Km)

Cruzamos Santa Maria de Palautordera junto al río, por detrás de Font Martina, y seguimos por un polígono industrial hasta la vía del AVE. Ahí nos volvemos a encontrar con un grupo que va todo el día más perdido que un pavo sin cabeza, pues no interpretan bien los carteles indicativos, aunque bien es cierto que tras abandonar el parque Natural del Montseny son muy escasos, todavía indican más o menos bien el camino.

Atravesamos un campo de cereales y el Sol empieza a castigarnos de verdad, nada que ver con lo que vendría, ya rondamos los 40°. Rompemos el camino hacia la derecha bajando al rio a través de una zona ombría, como se agradece en esos momentos, y llegamos a una fuente de agua no potable. Que bien nos vino, que fresca estaba, la gente nos decía “─ es por aquí arriba” y nosotros “─ sí, sí…” , pero seguíamos con la cabeza bajo ella, todos menos Mario, que a pesar del letrero de “No potable”, bebió como si no hubiera un mañana, ja, ja, ja…

La dejamos atrás, pasamos por debajo de la vía del tren y vemos a nuestras asistentes, qué alegría verlas, pues indicaba que dejábamos otra etapa en el camino.

Cruzamos el Pont Trencat, sellamos la cartilla y tras ver lo poco que nos ofrecía el avituallamiento, vamos, lo habitual durante el día de hoy, nos dirigimos al coche para comer.

¡Por Dios que bien me sentó la tortilla de patatas y esa cerveza!

En este punto tenemos la certeza que somos muy pocos los equipos que estamos haciendo la prueba todos juntos desde el inicio hasta el final, lógico, teniendo en cuenta la que está cayendo, pero ver como un equipo entero se mete en un monovolumen y al ver nuestras caras de incredulidad, nos saludan con la mano con cierto tono de sorna.

Decidimos ponernos en marcha sin saber todavía que se había acabado el glamour, si es que alguna vez lo hubo, pues a partir de ese momento, sin nosotros saberlo, nos adentramos en un accidente geográfico que desconocíamos tener en Cataluña: el desierto de Hostalric.

Hora del sello de control: 14:50h. Tiempo en el control: 30’
Tramo 5: Pont Trencat - La Batlloria (6:20Km - Total: 41:40Km)

No me extenderé demasiado en este tramo, pues se resume fácilmente: seis kilómetros por una pista de tierra paralela a la AP7, sin sombra alguna, con el Sol en todo lo alto, temperaturas superiores a los 40°, sin apenas señales que indicaran el camino, aunque la verdad mucha pérdida aquí no había, y cuyo único divertimento, si es que lo hubo, era responder el saludo a los camioneros que hacían sonar sus cláxones a nuestro paso.

Este tramo empezó a castigar nuestra moral y mis pies, pero sabíamos que el control no estaba muy lejos y allí nuestra asistencia tendría hielo, agua fresca, fruta… Pero llegamos y no están, nos preocupamos pues han tenido tiempo de sobra, y las llamamos. Resulta que no han podido llegar al encontrarse calles cortadas… ¡La madre que parió a la organización! Aquí necesitábamos ayuda, mis pies necesitaban ayuda, pero tendrán que esperar a Hostalric. Por suerte las chicas que había en él, nos suministraron agua fresca y cubitos, que dicho sea de paso, habían ido a comprar ellas mismas. ¡Muchísimas gracias!

Para no mal gastar el agua potable, nos refrescamos como podemos en el río, muy bien no olía, la verdad, pero la necesidad aprieta, y continuamos la marcha.

Hora del sello de control: 16:30h. Tiempo en el control: 10’

Tramo 6: La Batlloria – Hostalric (13:00Km - Total: 54:40Km)

Y aquí llego la estocada final, el mismo paisaje paralelo a la AP7, muchísimo calor todavía, sombras inexistentes, ni una fuente con agua fresca o caliente, y el río, la única que vez que vimos algo parecido a él, era una auténtica ciénaga negra.

El estado de mis pies empieza a ser complicado, tenía sendas ampollas en cada una de las plantas de los pies, paridad a tope. Aunque mis pensamientos, tras una hora por este desierto, eran que enseguida llegaríamos al control y podría vaciarlas higiénicamente, pero no fue así.

Rosa que está pasando su calvario particular, me pregunta “─ ¿qué síntomas tiene un golpe de calor?”, se los explico por encima, desconozco si es o no hipocondriaca y no quiero entrar en detalles, pero me acerco y le pellizco en ambas manos para como recuperaba la piel, por suerte la veo bien. Más tarde nos confirmaría que empezó a dudar si estaba en ese punto o no. El problema es que el agua no nos dura fresca ni diez minutos, después es caldo puro, como dije en más de una ocasión… “─ ¡Estaba harto de beber sopa sin fideos!”

Y aquí tenemos un golpe de suerte, pues al final de una recta interminable vemos un oasis en medio del desierto. Un avituallamiento no previsto, por fin la organización ha tenido una buena idea, pero no fue así. Llegamos y nos encontramos a Kiko, un amigo de mi cuñado Óscar, que nos explica que su grupo de Lab Circuits, viendo la dureza del tramo han decidido montar por su cuenta dicho avituallamiento.

Nos refrescamos y nos tomamos la segunda pastilla de sales, la primera la habíamos tomado en Mosqueroles, llenamos los bidones, estaban prácticamente vacíos y aquí llegó el mazazo… Llevamos 6 Km y nos dicen que todavía nos quedan 7, el tramo no tiene 9 Km sino 13. No sé arameo, pero diría que blasfemé con soltura en dicho idioma.

Este Oasis nos salvó, pues 7 Km más con los bidones medio vacíos hubiera sido demasiado duro, pero yo tenía los pies destrozados y todavía me quedaba más de una hora hasta ponerle remedio, si es que lo había ya. A cada paso que daba notaba como el líquido se desplazaba de atrás hacia adelante, las ampollas debían ser enormes.

Una hora más tarde, con toda el agua de los bidones caliente, entramos en Hostalric y vemos un parque infantil con unos niños jugando. Busco desesperadamente la fuente, debe haber una, y por fin la localizo. Aviso al resto del grupo y nos dirigimos hacia ella. Al llegar hay unos niños de 4 ó  años llenando unos globos de agua y les digo “─ Llevamos todo el día caminando y tenemos mucha sed ¿nos dejáis refrescarnos un momento?” y la respuesta fue “─ No.” Lo siento, sé que quedará feo, pero aquí hice valer mi tamaño y pasamos uno tras otro por debajo del chorro mientras los niños intentaban, sin éxito, llenar sus mini globos.

Desde este parque hasta el control, que estaba pasada la muralla, se me hizo interminable, qué largo es Hostalric. Aparecen nuestras chicas y vemos un ambiente festivo, mucha gente sentada alrededor de unas mesas que empezó a aplaudirnos al vernos aparecer, al débil, todo el mundo le quiere.


Y aquí se acaba la magia del control, me limpio los pies y Albert me vacía las ampollas… ¡Son enormes! Me pongo calcetines limpios y cambio las zapatillas de montaña por las de asfalto. Pongo los pies en el suelo y… Esto me lo quedaré para mí, pues es la primera vez en mi vida que he dudado si podría acabar una prueba. Pensaba, “─ 24 Km así es imposible, pero no puedo dejarlo ahora, hemos de llegar los seis”. Camino, a todo lo llamo caminar, para probarme, me acerco a por la butifarra… Joder, están todavía peor que mis pies… Olga, intentando cuidarme, me decía: “─ siéntate y yo te acerco lo que necesites”, pero yo sabía que si me sentaba, aquí se acababa todo.

Eva y Mario insisten en que me suba al coche, Agus se me acerca y me dice “─ yo no te voy a decir que te subas porque me vas a ignorar…”, y no es que les ignorara, pues aún están esperando respuesta, bueno, a Agus le guiñé el ojo, es que estaba en mi mundo interior luchando contra mí mismo.

Hora del sello de control: 19:30h. Tiempo en el control: 30’
Tramo 7: Hostalric - Fogars de la Selva (4,90Km - Total: 59,30Km)

Dejamos, por fin, el desierto de Hostalric, la temperatura comienza a ser agradable, teniendo en cuenta de donde venimos, pero yo descubro músculos que desconocía tener. Sin darme cuenta, y al intentar no apoyar la planta del pie, he cargado mucho el músculo tibial anterior, casi me da una rampa… Estoy hecho un cromo… Ja, ja, ja…

Por suerte para mí, este tramo está asfaltado practícame en su totalidad, que el suelo sea liso es para mí una bendición.

Tras dejar atrás un polígono interminable y feo de narices, cruzamos por debajo la AP7 y nos dirigimos a un puente donde, al final del mismo, vemos sentado a Julio Alberto Ahumada. Nos indica el camino correcto y nos comenta que ha decidido abandonar pues se ha perdido de nuevo, y ha terminado apareciendo en el mismo punto que había pasado hacía tres cuartos de hora.

Llegamos a Sant Cebrià de Fogars, donde se encuentra el control, y nos hacemos sentir. Nos hemos venido arriba, pues Sol se ha ido, quedan 18Km y es la primera vez que vemos la luz al final del túnel.



¿Mis pies? Destrozados, pero el dolor no va a más. Siempre he dicho que las piernas me han fallado en muchas ocasiones, pero nunca la cabeza. Y hoy es una buena prueba de ello.

Les pido al grupo que las paradas sean rápidas, pues los pies me duelen igual caminando que si estoy parado. Rellenamos bebida, nos saltamos el avituallamiento oficial, llenísimo de moscas y sin una triste tapa que protegiera los alimentos y… Tito cap a Tordera.

Hora del sello de control: 20:40h. Tiempo en el control: 7’
Tramo 8: Fogars de la Selva  - Tordera (7,30Km - Total: 66,60Km)

El inicio de este tramo es muy bonito, pero un pelín duro. Sube más de lo que hubiéramos querido atravesando un bosque, hasta que llegamos a una urbanización y vemos claramente donde se había equivocado Julio Alberto Ahumada. Estaba marcado, pero ir solo es lo que tiene.

Desde ahí a Tordera, casi todo asfalto, cosa que agradezco y el perfil suave hacía abajo. Esto lo agradecemos todos.

El grupo es muy numeroso, nos hemos agrupado varios equipos, Eva, Rosa, Agus y yo lo cerramos, Albert y Mario van delante nuestro con el grupo que hemos visto ir y venir veinte veces hoy, no sé cuántos kilómetros harán al final, pero diez más de la cuenta fijo.

A todo esto Agus grita: “─ ¡Mario, déjalos, que igual quieren perderse otra vez!” Qué hartón de reír, ja, ja, ja…

Llegamos a un campo de cereales y vemos como un enorme aspersor lo está regando y el camino delante nuestro está mojado, no lo hacemos a propósito, pero clavamos nuestro paso con la caída del agua… ¡Qué frescor!

Un poco más adelante sufrimos el ataque de la Luftwaffe de los moscardones, la madre que los parió, chocaban contra nosotros como auténticos kamikazes, bueno, contra todos no, Albert hizo de Kenenisa Bekele y salió por patas.

Llega la noche, y con ella el control, que por cierto no estaba donde la organización nos había indicado… Tela, tela…

En este control nos recreamos algo más, pues Rosa decide cambiarse el calzado y nuestras asistentes nos tienen preparada una sorpresa maravillosa a estas alturas… ¡Xuxos de crema, croissants y demás guarradas maravillosas!

Hora del sello de control: 22:11h. Tiempo en el control: 17’
Tramo 9: Tordera – Palafols (6,40Km - Total: 73,00Km)

Nos ponemos los frontales y abandonamos el control.

Cuesta muchísimo seguir el camino, está marcado cada vez peor y a pesar de llevar “El faro de Alejandría” en mi cabeza, es difícil encontrar marcas que nos guíen, menos mal que quedan “solo” once kilómetros, y eso nos hace ir adelante, pero empezamos a ir cansados y el nivel de tolerancia cae exponencialmente.

Salimos de un polígono y cruzamos la AP7, empiezo a estar de la AP7 hasta los mismos coj…, aquí oigo la voz de Mario que me dice “─ ¡Esa boca!”. Pues eso, la cruzamos por debajo y al salir ni una marca del camino, me niego a recular, cada paso es un martirio, pero no hay más, aunque volvemos y el camino parece que es por donde íbamos. Así que arriba otra vez y nos alcanzan por vigesimoprimera vez el mismo grupo de siempre. No son buenos en la navegación, pero persistentes lo son un rato.

Tiramos todos de Google Maps y confirmamos que vamos bien, hasta que llegamos al cruce fatídico, un cruce que bien podría haber cambiado la historia de la humanidad, pues Agus intentará asesinar…

Bueno, mejor lo detallo un poco: el grupo “losers”, como cariñosamente los llamaba debido a sus innumerables pérdidas, van un poco delante nuestro y cuando llegamos al cruce vemos que el camino está marcado a la derecha, y ellos, siguiendo su penoso instinto y guiados por un GPS marca La Pava, han tirado hacía la izquierda. Agus les grita: “─ ¡Volver, qué no es por ahí!”, pero le ignoran… Madre mía como se puso… “─ ¡Lleváis todo el puto día perdidos y no hacéis ni caso!” y alguna que otra palabra un pelín subida de tono. La suerte que tuvimos es que estábamos todos tan cansados que para llegar a las manos uno de los dos grupos tenía que desandar el camino realizado y francamente… ¡Ni de coña!

Por primera vez en una hora estamos convencidos que vamos por el camino correcto, un cartel indica que faltan 1300m, pero no se ve una puñetera luz, ¿dónde está Palafols?. ¡1300m, sólo 1300m! Qué tiempos aquellos donde los hacía en poco más de tres minutos, pensé, pues se me hicieron larguísimos.

De repente vemos aparecer la civilización y con ella a nuestras seguidoras más fieles disfrazadas para la ocasión con unas pelucas monísimas de colores.

Abandonamos tan rápido el control que casi se me olvida el sello, estamos deseando llegar a Blanes, ya no quedan más controles, solo cinco kilómetros y barraca.

Hora del sello de control: 23:44h. Tiempo en el control: 2’
Tramo 10: Palafols – Blanes (5,57Km - Total: 78,57Km)

Salimos pitando, es un decir, y Albert me pregunta por mis pies, y le respondo “─ menos mal que no veremos más el coche hasta que lleguemos, pues me subiría en él.”

A todo esto, el coche nos alcanza, nos pita y se pone a nuestra altura… Todos les gritamos “─ tirar ya de una vez.”

En este último tramo, para variar, las marcas brillaban por su ausencia y nosotros estamos hasta las narices de ello, así que al ver Blanes al fondo de la carretera, el consenso fue inmediato, hemos hecho kilómetros de más, casi cinco saldrán al final, yo no estaba para dar un paso que no fuera del todo imprescindible, y los demás tampoco… Pues, arcén, carretera y manta. Lo de manta va por Olga, seguro que le hubiera ido de coña a esas horas.

Llegamos a Blanes, pero desde la entrada hasta la llegada todavía queda un rato. Una subida, con su correspondiente bajada que terminó de machacarme los pies.

Mario y Albert van delante nuestro, yo cierro el grupo con Eva, Agus y Rosa en el centro. Unos participantes nos ven deambular y me preguntan: “─ ¿Habéis acabado ya?” y al decirles que no, me dicen que les sigamos, pues ellos son de Blanes y así no haremos más metros de los imprescindibles, ni uno más. Aviso a la cabecera del grupo y nos dejamos guiar.

Pasamos, diría que un grupo de doce, por una plaza llena de terrazas con gente disfrutando de sus bebidas y helados, y pensando… “─ ¡Qué estarán haciendo estos tíos tan extraños!”

Avistamos por fin el mar, giramos a la izquierda, vemos a nuestro maravilloso equipo de soporte, desplegamos nuestra pancarta y entramos en meta, los ocho, corriendo. Sí, corriendo, como debe de ser.

Los que estuvimos allí sabemos el verdadero final de la historia: nos quedamos sin foto al entrar, pues el fotógrafo oficial se había marchado por desavenencias con la organización, no quedaban medallas que darnos. Sí, tal cual, todos los que habían abandonado por negarse a afrontar un día tan duro no perdonaron su medalla, y además pidieron otras para sus hijos, amigos... Y no me olvido que Mario casi le arranca la cabeza a la organización por todo ello… Pero, como esta historia la estoy escribiendo yo, me niego a que una organización nefasta me joda el final de la misma…

Tras superar la línea de llegada, besé a Eva, ves como tenías que tirar en Sant Esteve, y me abracé con todos los componentes de este maravilloso equipo. Sentí una alegría inmensa por haber superado un día durísimo, porque mi cabeza había vencido al sufrimiento tan extremo que padecían mis pies, y sobre todo, porque aun no teniendo el reconocimiento de la medalla, nos quedará el enorme orgullo de saber que fuimos de los pocos equipos que hicieron la prueba todos juntos desde el inicio hasta el final. Este es el final con el que me quedo.

Hora del sello de control: 00:50h.

PD: ¿Y mis pies? Así los tenía el domingo por la noche…